Editorial: Plaza Esperanza y la desidia de quienes no saben convivir

RIO TERCERO, GUARDIA LOCAL FECHA:30/12/2025 HORA:03:10hs El parte oficial, expresa que la fuerza de seguridad estaba haciendo balizado preventivo por Plaza Esperanza. "Nos encontramos con una motocicleta MONDIAL dominio, la misma se encontraba con escape adulterado. Se procede al secuestro de dicho rodado y el traslado hasta el corralón municipal".
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RÍO TERCERO / ERRORES HUMANOS/
La Plaza Esperanza debería ser, como su nombre lo indica, un punto de encuentro y optimismo para los riotercerenses. Sin embargo, las postales del pasado 30 de diciembre nos devuelven una realidad amarga: residuos por doquier, botellas de alcohol vacías y un desprecio absoluto por el descanso ajeno.
Mientras la Guardia Local realizaba sus recorridos preventivos de madrugada —logrando incluso el secuestro de una motocicleta con escape adulterado que perturbaba el silencio de la zona—, el panorama general era de desolación estética y falta de civismo.
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El foco del problema: La irresponsabilidad juvenil
Aunque no se puede generalizar a toda una generación, es innegable que el «mal vecino» en esta historia tiene un perfil claro: jóvenes que confunden el espacio público con un territorio sin ley.
- La basura como firma: Dejar restos de una «juntada» no es un descuido, es un mensaje de desinterés por el vecino que saldrá a caminar a la mañana siguiente.
- La contaminación acústica: El uso de motos con escapes libres no es solo una infracción de tránsito; es una agresión directa a la salud mental y al descanso de las familias que viven frente a la plaza.
- El alcohol y la falta de control: La presencia de botellas y el consumo desmedido en la vía pública transforman un lugar familiar en un entorno hostil.
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Conclusión
No alcanza solo con el balizado preventivo de la Guardia Urbana ni con el esfuerzo municipal por limpiar lo que otros ensucian. El verdadero cambio vendrá cuando estos grupos entiendan que la libertad termina donde empieza el derecho del otro.
Una plaza «afeada» por la mugre y el ruido es el síntoma de una juventud que parece haber olvidado que lo público nos pertenece a todos, y que cuidarlo es la mínima cuota de alquiler que se paga por vivir en sociedad.
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