El derecho a la última puerta: ¿Por qué Argentina vuelve a debatir la eutanasia?

SALUD /Mientras la Ley de Muerte Digna ya cumple más de una década, los casos de Alfonso Oliva y Adriana Stagnaro reabren una herida ética en el Congreso: la diferencia entre «dejar morir» y «ayudar a morir».

Por  redacción / En Argentina, la muerte tiene sus propios tiempos legales, pero no siempre coinciden con los tiempos del dolor. Desde 2012, el país cuenta con la Ley de Muerte Digna, un avance civilizatorio que permitió a familias como la de la pequeña Camila Sánchez o las hermanas de Marcelo Diez poner fin a lo que la medicina denomina «encarnizamiento terapéutico». Sin embargo, hoy el debate ha saltado una valla más alta: la de la eutanasia activa.

La delgada línea roja: ¿Muerte digna o Eutanasia?

Para entender el conflicto actual, es vital distinguir los grises legales. La ley vigente es pasiva: permite retirar el soporte vital (respiradores, alimentación o hidratación) para que la naturaleza siga su curso. Pero para pacientes con enfermedades neurodegenerativas como la ELA, este proceso puede ser lento y angustiante.

Es aquí donde aparecen historias como la de Alfonso Oliva. Alfonso no quería simplemente que le quitaran un respirador; quería el derecho a una sustancia que terminara con el encierro de un cuerpo que ya no le pertenecía. Su legado es la «Ley Alfonso», uno de los cinco proyectos que hoy esperan turno en un Congreso que mira de reojo lo sucedido en Uruguay, donde la eutanasia ya es una realidad legislativa.

Los rostros de la urgencia

El debate no nace de abstracciones filosóficas, sino de camas de hospital y habitaciones en silencio:

  • El dilema del cuerpo-prisión: Adriana Stagnaro, doctora en Antropología, definía su deterioro por la ELA como una «momificación constante». Su lucha puso sobre la mesa el concepto de «indignidad»: la pérdida total de autonomía para las funciones más básicas del ser humano.

  • La batalla judicial: Hoy, el caso de María del Carmen Ludueña en Moreno marca un nuevo hito. Postrada hace siete años, su pedido de asistencia médica para morir ha llegado a la Corte bonaerense, desafiando el vacío legal que separa el rechazo de tratamientos de la acción directa.

 

Un tablero político en movimiento

Actualmente, cinco proyectos de ley buscan convertir a la Argentina en el próximo país de la región en legalizar la asistencia médica para morir. Los argumentos se centran en un eje fundamental: la autonomía de la voluntad.

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«Si cada persona puede elegir cada día cómo vivir, ¿por qué no puede decidir cómo morir?»

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Esta frase, que resuena en los pasillos de Tribunales, resume el cambio de paradigma. Ya no se trata solo de evitar el dolor físico —cubierto en parte por los cuidados paliativos— sino de evitar el sufrimiento existencial de quien ya no reconoce su vida como tal.

¿Qué sigue?

La aprobación en Uruguay ha servido de catalizador. La sociedad argentina, que ya atravesó debates intensos sobre la autonomía del cuerpo en años recientes, parece estar lista para una discusión que no busca imponer la muerte, sino garantizar que, cuando el final sea inevitable e insoportable, la última puerta pueda abrirse con la misma dignidad con la que se intentó vivir.


Tres claves para entender el debate:

  1. Sedación Paliativa: Ya es legal. Busca aliviar el dolor, aunque pueda acortar la vida como efecto secundario.
  2. Eutanasia Activa: Un tercero (médico) administra la droga. Es el punto central de los nuevos proyectos.
  3. Suicidio Asistido: El médico provee los medios, pero el paciente es quien realiza la acción final (como el caso de Suiza mencionado por Stagnaro).

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