Chimeneas apagadas, falta de competitividad y un persistente desguace del plantel laboral marcan el colapso de la histórica planta.
En los pasillos fabriles y en las calles de Río Tercero vuelve a repetirse una frase que congela los ánimos: se abrió otra vez la caja de Pandora. Petroquímica Río Tercero (PR3), uno de los pilares que históricamente sustentó el músculo productivo y laboral de la ciudad, atraviesa el desenlace de un declive estructural que lleva ya más de dos años arrastrándose a puertas cerradas.