Policiales

Les quitaron el auto por infractores y quisieron hacer justicia por mano propia: ¿hacen falta castigos más duros?

POLICIALES / La salida de los boliches en Río Tercero volvió a convertirse en el escenario habitual de prepotencia, descontrol y desprecio absoluto por la autoridad.
En la madrugada de este viernes, la esquina de Acuña y Alberdi dejó de ser una simple vía de desconcentración para transformarse en un ring improvisado donde la falta de respeto a las normas casi termina en un desborde mayor.
DETENIDOS

El reloj marcaba cerca de las 05:50 cuando inspectores de tránsito de la Municipalidad, con el apoyo de efectivos de la Policía de la Provincia, desarrollaban las tareas de control habituales al cierre de los locales nocturnos. El operativo marchaba según lo previsto hasta que se topó con la reacción desmedida de dos sujetos de 28 y 29 años.

Al notificárseles que el rodado en el que se trasladaban quedaba retenido por una infracción evidente a las normativas viales vigentes, la respuesta no fue la entrega de las llaves ni la asunción de la falta: fue el insulto, la soberbia y el desafío directo a pelear cuerpo a cuerpo a los uniformados y empleados municipales presentes.

¿Hasta cuándo la noche como zona liberada para la prepotencia?

Lejos de tratarse de adolescentes desorientados, los protagonistas son adultos que rozan los 30 años y que optaron por la agresión antes que acatar una disposición legal básica. La escena desnuda un fenómeno recurrente que alarma a los vecinos de la zona: la naturalización de la bravuconada frente a quienes deben velar por el orden urbano.

¿Qué esperan aquellos que conducen cometiendo faltas cuando la autoridad interviene? ¿Impunidad total o una palmadita en la espalda?

La situación obligó a los efectivos policiales a reducir de inmediato a los agresores para evitar que el cuadro derivara en agresiones físicas mayores. Ambos individuos terminaron alojados en la comisaría local, imputados por infringir el Código de Convivencia Ciudadana (Ley Provincial N° 10.326).

El vehículo quedó secuestrado, pero el episodio deja sobre la mesa un interrogante incómodo para las autoridades y la sociedad riotercerense: el nivel de tolerancia y las sanciones aplicadas a quienes cada fin de semana confunden la diversión nocturna con el derecho a pasar por encima de las leyes y de los trabajadores que cuidan la calle.

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