
Por Máximo Brizuela, secretario General del sindicato de Luz y Fuerza
Durante la presente semana, el Gobierno nacional intimó a empresas y sindicatos para renegociar más de 446 Convenios Colectivos de Trabajo, ampliando los 150 que había señalado en un principio.
Esta medida busca profundizar el avance sobre la quita de derechos laborales y consolidar el espíritu de la reforma aprobada recientemente.
El Estado nacional, a través del Ministerio de Capital Humano, se coloca como actor central y presiona para que los regímenes laborales se modifiquen y adecuen a su visión, siempre en detrimento de los trabajadores.
Son tiempos difíciles. Tiempos que advertimos como organización gremial y que nos obligan a pensar estrategias para afrontar esta realidad. No bajamos los brazos.
Si bien como gremio estamos ordenados y hemos plasmado en nuestra gestión una mirada puesta en el futuro, también es cierto que el espíritu de esta reforma laboral apunta a debilitar la existencia de las organizaciones sindicales y a desalentar que los trabajadores se agrupen colectivamente.
El individualismo es sinónimo de debilidad. La soledad potencia los miedos y favorece la inacción frente a las injusticias.
Cada punto de esta reforma parece diseñado para profundizar esa lógica. Lejos quedó una reforma laboral orientada a fortalecer el empleo o a brindar beneficios concretos tanto para quienes aún conservan su trabajo como para quienes necesitan desesperadamente acceder a la formalidad.
Esto recién comienza. Será un arduo camino que deberá encontrarnos unidos, organizados y militando en defensa de nuestros derechos.



























