Años robados: La desgarradora historia Pía, estudiante que cursó una carrera fantasma en Río Tercero.




ILUSIONES ROTAS Y FICHAS ADULTERADAS: EL RELATO EN PRIMERA PERSONA DE UNA ESTAFA QUE MARCÓ A TIERRA RÍOTERCERENSE
Hay heridas que no sangran, pero desgarran por dentro. Son aquellas que se incrustan en los sueños de la juventud, donde el esfuerzo, las horas de viaje, las ilusiones y los sacrificios económicos se desvanecen no por un tropiezo propio, sino por la mano fría y calculadora de quienes debieron cuidar el futuro y optaron por el engaño.
El peso de la ilusión y el golpe de la realidad
Para entender la magnitud del daño, hay que retrotraerse al año 2011, cuando los secundarios terminaban y las puertas del futuro comenzaban a abrirse.
Entre ellas estaba María Pía Cabral, quien, tras egresar del secundario en 2011, comenzó a evaluar opciones universitarias. Una de las instituciones que visitó fue el IDES de Río Tercero, donde se ofrecían folletos informativos de las carreras disponibles, entre las cuales figuraba la tan ansiada Licenciatura en Psicología.
“Ingresé en el año 2012 a la carrera, al primer año, y cursé hasta cuarto año”, recuerda María Pía. Su rutina semanal implicaba un esfuerzo titánico: viajaba de lunes a viernes desde el pueblo de Retarán en colectivo, cursando en el horario de tarde.
Estando ya en cuarto año, la verdad salió a la luz de la manera más cruel cuando una persona les advirtió que el convenio que el IDES tenía con la universidad que avalaba y daba el título se había caído.
Al comunicarse por medios propios con la Universidad de Morón —la institución que supuestamente avalaba los títulos— se encontraron con la devastadora noticia de que dicho convenio había terminado en 2011, justo antes de que ellas ingresaran. La carrera dictada en Río Tercero simplemente no existía, y la institución nunca advirtió sobre la ruptura del acuerdo.
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Un entramado de mentiras y fichas adulteradas
Lejos de tratarse de un simple error administrativo, la investigación judicial y las pericias sacaron a la luz un entramado oscuro: la institución mantuvo a las alumnas en un estado de error ininterrumpido a través de un convenio rescindido, y los informes técnicos determinaron que muchas de las fichas de inscripción habían sido groseramente adulteradas en los casilleros donde constaba la carrera elegida.
Durante cuatro años, María Pía y sus compañeras —un grupo que oscilaba entre los 16 y 18 alumnos cursando activamente y que mantuvo una demanda de 10 personas en el tiempo— pagaron cuotas mensuales, afrontaron gastos de viaje y dedicaron su vida entera al estudio. “Hicimos prácticas en colegios para orientación vocacional, y eso no estaba”, relata con indignación.
Cuando intentaron buscar soluciones o trasladarse a otra universidad pública, el panorama era desalentador: de unas 50 materias cursadas, las universidades estatales apenas les reconocían cuatro o cinco. Era, literalmente, empezar de cero, debiendo mudarse de ciudad, volver a pagar aranceles y cargar con el costo de un título que nunca llegaría.
Un arrebato al proyecto de vida
Consultada sobre lo que significó este proceso a nivel personal, María Pía lo define sin titubeos como un arrebato total: “Puede sonar un poco exagerado, pero realmente lo siento así, porque era un sueño, mi sueño de poder ser psicóloga, licenciada en psicología, y fueron cuatro años tirados completamente a la basura”.

Para ella, el daño moral y el impacto a la persona superan ampliamente lo económico: “Me arrebataron una parte de mi vida... no sé si centra tanto lo económico como el arrebato y el daño moral a la persona que nos hicieron, que nos causaron”.
El cierre de una etapa dolorosa
Los padres de María Pía fueron un pilar y un apoyo enorme frente a una frustración que no nació de la falta de empeño o estudio propio, sino de una estafa externa.
Aunque hoy su vida transcurre enfocada en su familia —es madre de dos varones de 6 y 4 años— y en trabajos temporales para empresas del exterior, el sabor amargo de no haber podido tener su propio consultorio y ejercer la clínica con la que soñaba sigue latente.
Gracias al incansable trabajo del abogado apoderado, Dr. Álvaro Vilariño, la semana pasada la justicia dictó el fallo favorable tan esperado.
Si bien ningún monto indemnizatorio devuelve los años de juventud, las horas de colectivo y los sueños truncos, representa un paso fundamental. “Es como poder cerrar una etapa dolorosa para todas”, concluye María Pía, dejando en claro que, aunque el dinero no repara el tiempo perdido, la verdad judicial al fin puso las cosas en su lugar.






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